Raíz atlántica

Solo un océano salvaje podría labrar las formas de nuestra costa y el carácter de nuestra gente. Porque somos salitre, y porque aquí siempre el agua salada tiene el poder de curar.

Por un lado, las lágrimas. Por el otro, el mar.

El tránsito de navegantes ha forjado nuestra historia desde tiempos inmemoriales. Hoy, el sol sigue durmiendo cada noche más allá del horizonte.

No dejes de contemplar nuestro atardecer. Cada uno es irrepetible.

Piedra y mar

Las piedras escritas de los montes de Lira dan fe de la memoria más ancestral de esta tierra. Hace cinco mil años, los primeros pobladores de este lugar grabaron en la osamenta del planeta mensajes eternos.

Su amor hacia esta tierra y hacia este mar sigue vivo en nosotros.

El eco de la estirpe

Este lugar conserva el carácter mestizo de los pueblos que anclaron en sus riberas. Los ancestros perdidos que labraron las piedras escritas y levantaron los dolmens, los hijos de Gael que colonizaron toda la cornisa atlántica europea, los romanos que contemplaban con pavor cómo el sol se hundía bajo las aguas, los pueblos germánicos que llegaron después.

La epopeya de los celtas sigue navegando por estas aguas indomables.

Ese es el espíritu de la tierra aquí, en Portocubela.