Solo un océano salvaje podría labrar las formas de nuestra costa y el carácter de nuestra gente. Porque somos salitre, y porque aquí siempre el agua salada tiene el poder de curar.
Por un lado, las lágrimas. Por el otro, el mar.
El tránsito de navegantes ha forjado nuestra historia desde tiempos inmemoriales. Hoy, el sol sigue durmiendo cada noche más allá del horizonte.
No dejes de contemplar nuestro atardecer. Cada uno es irrepetible.